martes, 1 de septiembre de 2015

Informe El Confidencial: ¿Por qué el periodismo ya no interesa a nadie?

Causas, consecuencias y soluciones

El crudo informe que explica por qué el periodismo ya no interesa a nadie

Las noticias son una mercancía por la que los consumidores están cada vez menos dispuestos a paga. Y es comprensible dada su degradación

Esteban Hernández | El Confidencial | 04.11.2013

El periodismo está intentando encontrar vías de salida a la crisis profesional y de modelo de negocio en la que está inmerso, y distintas cabeceras han anunciado en los últimos tiempos la puesta en marcha de iniciativas destinadas a garantizar su subsistencia. Para alcanzar ese objetivo, los diarios tienen que lidiar con un problema notable, como es el escaso valor de cambio que posee hoy el producto que ponen en el mercado. Según el informe La pérdida de valor de la información periodística: causas y consecuencias, realizado por Andreu Casero-Ripollés, profesor de la Universitat Jaume I de Castellón y miembro del think tank Grupo ThinkEPI, las noticias son una mercancía por la que los consumidores están cada vez menos dispuestos a pagar, especialmente en el entorno digital.

Las razones que explican este deterioro en el valor del producto periodístico pueden resumirse, según el informe, en tres.

Existe demasiada oferta
La abundancia de información disponible en la red ha conducido a la descapitalización de la misma, lo que está produciendo nuevos hábitos de consumo. El lector de periódicos se ha acostumbrado al repaso breve de los titulares y a las informaciones inmediatas y repetitivas, de escaso valor añadido, en detrimento de la lectura en profundidad de artículos de interés.

Pérdida de la confianza en el periodismo
La pérdida de la credibilidad de los medios es cada vez más acentuada en España, habiendo alcanzado en 2011 una calificación media de 6,2 sobre 10. Según Casero-Ripollés, la fuerte politización de los medios y la elevada mercantilización de los contenidos informativos están en la base de este fenómeno.

La industria ha actuado de forma contraria a sus intereses
La ausencia de un modelo de negocio en el periodismo digital fue muy evidente, toda vez que los diarios de papel optaron por buscar la visibilidad y el posicionamiento en el nuevo entorno sin saber cómo rentabilizarlo. “Las decisiones estratégicas en internet han sido irreflexivas porque parecía que lo único que se pretendía era estar, sin saber para qué, cómo y de qué manera. Había que situarse en la red porque si no no se era moderno, pero sin más estrategia que la de prueba y error. Cuando El País intenta cobrar por el contenido y le va mal, a todo el mundo le entra el miedo, y nadie quiere volver a intentar nada en ese sentido”.

En los buenos tiempos, nadie se gastaba un euro para hacer cosas nuevas en internet
Para Casero- Ripollés, que la mayoría de los gestores de los medios no provinieran del sector periodístico está directamente relacionado con la falta de inventiva a la hora de encontrar soluciones y con la ausencia de visiones que contemplaran el medio plazo. “En los buenos tiempos, nadie se gastaba un euro para hacer cosas nuevas en internet. No hubo inversión en el momento en que se podían hacer las pruebas con escaso coste, y ahora están teniendo que realizarlas en un momento de crisis, cuando resultan más caras y difíciles”. Gestores y periodistas, en lugar de revalorizar su producto, lo degradaron.

Consecuencias
Los efectos que ha causado este descenso en el valor de la información, afirma Casero-Ripollés, son notables, tanto en lo que afecta al sector periodístico como a las repercusiones que genera en la sociedad. El informe cita las siguientes:

Pérdida de calidad de la información periodística
Las noticias de bajo coste, poco densas, insuficientemente relevantes y orientadas a la rentabilidad comercial son las que con más frecuencia aparecen en unos medios que no están dispuestos a invertir en calidad y que se han encontrado con un público que tampoco la suele apreciar.

Fragilidad de las empresas periodísticas en términos de negocio
Dado que no es posible rentabilizar el producto, la sostenibilidad del periodismo como negocio peligra, en especial para la clase media. La concentración de las audiencias en las marcas periodísticas más fuertes se acentúa, dado que son las cabeceras globales y más prestigiosas las que están acumulando lectores y las que lo harán en el futuro.

Cobrar por escribir será más difícil, salvo para unos pocos
Si el producto no tiene valor ni cualidades especiales, cualquiera puede manufacturarlo, por lo que, asegura el informe, se abre la puerta al incremento del intrusismo por un lado, y al aumento de la precariedad de sus profesionales, por otro.

Abandono de algunas de las funciones sociales y democráticas del periodismo
Sin un modelo de negocio viable, el periodismo no podrá cumplir con sus cometidos y realizar su aportación social. La información periodística dejará de ser un producto relevante socialmente.

Tres claves para encontrar soluciones

O es ahora o será mucho más difícil
Casero-Ripollés asegura que “cuanto más tiempo pase sin que se encuentre una buena estrategia para el pago por contenido, las posibilidades de conseguirlo serán menores. Y salvo algunos medios que saben que tienen una información muy valiosa, por ejemplo de corte económico, el resto no sabe cómo hacer para que la gente se enganche a un nuevo modelo. En primer lugar, porque en la medida en que el comportamiento de consumidor de noticias se ha vuelto menos exigente, y sólo demanda los datos básicos de la noticia, no está muy dispuesto a pagar, máxime cuando no hay gran fidelidad al medio. Un 70% cambiaría de diario si no pudiera consultarlo más que a través del pago.

No se puede creer que haciendo el mismo tipo de producto que hace diez años, y encima de menor calidad, se vaya a poder cobrar al lector

Pero, en segundo lugar, para justificar el nuevo modelo hay que aportar ese valor añadido que legitima el precio. Algo que quizá sólo se pueda conseguir, asegura Casero-Ripollés, a través de información que aporte elementos no existentes en otros lugares, bien porque sea exclusiva, bien porque sea clarificadora. Así, en un entorno en el que la gente no está dispuesta a pagar por leer reportajes, un texto que reúna los miles de fragmentos dispersos sobre un tema concreto, los compendie y los dé un sentido, sí puede ser una opción exitosa.

Una tercera posibilidad consistiría en la creación de clubes de lectores donde la suscripción no sólo ofrezca información, sino que genere beneficios y descuentos en distintos consumos, preferentemente culturales. En todo caso, lo que parece evidente es que no se
puede creer que haciendo el mismo tipo de producto que hace diez años, y encima de menor calidad, se vaya a poder cobrar al lector.

Cambia de mentalidad
Generar nuevos modelos de negocio supone pensar de otra manera, pero no sólo a la hora de saber comercializar lo que se produce, sino a la de ofrecer un producto diferente. “Es absurdo pensar que el intercambio de declaraciones de los principales líderes políticos en que se ha convertido buena parte del periodismo actual va a encontrar un lector dispuesto a pagar, salvo quizá la propia élite política". En esa tesitura, se impone dar un giro y pensar si la información que se difunde realmente conecta con los intereses mayoritarios del público y si no sería necesario regresar a otros modelos periodísticos. Para Casero-Ripollés, “es imprescindible pensar que el primer referente es el público, y no el periodista y sus intereses”.

Elige el lugar en el que quieres estar

En este contexto de doble dirección, sólo hay dos posibilidades. Según Casero-Ripollés, las empresas periodísticas que utilicen el corta y pega serán visibles y generarán tráfico, pero sólo si pertenecen a la primera división. “Las grandes marcas de la información se llevarán ese mercado sostenido en la publicidad. El resto tendrá que buscar otras fórmulas”.

Si te queda tiempo

  • París después de la liberación / Antony Beevor
  • La caída de los gigantes / Ken Follet
  • El Umbral de la Eternidad / Ken Follet
  • El ocho / Katherine Neville
  • Un mundo sin fin / Ken Follet